
Se me vuelven a repetir la mismas palabras que me hablan de trenes que pasan, de trenes que perdí. Solo me apoyo contra una pared, cierro los ojos y siento en mi cara la brisa fresca de ese tren que me deja solo en el anden. Nunca pensasteis que quizás no es que fuerais demasiado para mí si no que aun prefiero ir andando, a mi paso, sin coger trenes, ni lo que me ofreces si te doy lo mío. Solo trueques de sentimientos... Que no. Que no que para mi no se cambia el peso de un beso por la palabra mentirosa de lo que quieres y no tengo. Que ese tren se vaya, que cerrare los ojos para sentirlo. Cuando los abra, solo el camino delante, el camino que he de recorrer. Que no cambio lo que no tengo, que no doy lo que no puedo, que quiero querer pero no se como amar un tren. A mi paso, al tuyo. Al lado, dentro del corazón. Dando porque lo tengo, recibiendo porque me lo quieres dar sin nada a cambio. No compro, ni vendo en este mercado. Que aun recuerdo el aroma del amor, notar el mar bravío en mi corazón cuando el tuyo late pegado a mí. Que se da sin esperar, que si esperas quizás el tren que pase sea el tuyo. Sin pedir, sin poner precio, sin hacer cambiar a golpe de cepo y presa. Que ese tren no es el mío. Que pase y que el viento se arremoline en mi pelo jugando con el. Haciéndome sentir. Que cuando abro los ojos no estés, que cuando los abras tu no me veas. Piensa que el camino que sigo no es el tuyo. Que en el mercado se rebajan precios, se negocian lealtades, fidelidades... Lo que yo nunca supe negociar, vender. Lo que sólo supe dar... Que el camino se hace muy largo y no puedo dejar que me acompañes, de donde yo voy, de donde yo vengo no hay vías por la que podamos viajar juntos. No, hoy no.
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